Llevo tiempo pensando en la posibilidad de escribir una novela a los ojos de la gente, al desnudo, dejando prueba de mis dudas, mis correcciones, mi proceso. No domino aún esta tecnología del "blog", de hecho es la segunda vez que inicio el proceso, la primera se me borró...
Sin embargo, reconozco que no lo había iniciado porque en realidad no sabía sobre qué iba a escribir, me faltaba la razón y la inspiración, la historia...
Pero ayer, jueves 28 de Enero del 2011, las encontré a ambas.
Temprano en la mañana iba rumbo al médico, a hacerme unos exámenes pues intento reencontrarme con la salud y ella me huye como novia ofendida!. Transitaba por la calle ocho de Miami en dirección oeste-este, entre el tráfico de las calles 57 y 42 -no recuerdo con precisión- y lo ví. Un hombre moreno, vestido de bermuda o "short" no tan short, calzaba medias con pantuflas y un abrigo por el frío de estos días en Miami. Estaba de pié al borde de la acera norte, frente a una pequeña casa, lucía aseado. Me sorprendí cuando lo ví saludarnos a los conductores, porque lo hacía de una manera extraña. Agitaba nerviosamente una mano y la alternaba con la otra y así sucesivamente. Miraba con una sonrisa dibujada en su rostro, sin mirar mientras veía.
Me atreví a saludarlo de vuelta creyendo que eso lo halagaría y sin embargo su mirada nunca se detuvo en mi, lo ví mirando sin ver y me sorprendió su alegría al hacerlo.
Mi primera sensación fue de nostalgia por su estado demencial pero luego lo envidié... Si, lo envidié. Allí estaba yo con mi cordura, mi preocupación por mi salud, mi trabajo, mis sentimientos y su destino, incapaz de sonreir, con la constante preocupación sobre mis decisiones, por la aceptación de mis proyectos, con ésa inevitable dependencia de los demás para ser uno mismo.
Y él allí, saludando constantemente, sonriendo sin importarle lo que nosotros pensáramos, hiciéramos, miráramos. Por un momento quise ser él y no importarme el mundo, escudarme en la locura para dejar el peso del ayer, el hoy y el mañana, para solamente importarme el "ya".
Dejé de verlo al poder acelerar y avanzar, pero no de pensarlo, envidiarlo y tratar de entenderlo. ¿Es acaso la locura una posibilidad elegible?
Si lo es, entonces todo cambia!
Entonces pudiera ser posible construir una historia en torno a esa posibilidad!
Creo que pronto comenzaré a escribir...
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